Pónganse en situación. Estamos en Alemania a finales de los años veinte, pongamos por caso Berlín. Un trombón dorado escupe sus notas metálicas a un espacio sobrecargado de humo de tabaco. Intelectuales y bohemios apuran sus últimos tragos, en un ambiente de febril alegría, baile desenfrenado, pícaras miradas dirigidas a los muslámenes de las cabareteras. El jazz, un estilo de raíz norteamericana, se hace hueco a codazos en la República de Weimar. Y todo fluye imbuido en un ambiente ecléctico y desenfadado.

Casi 100 años después, en una ciudad separada de Berlín por poco menos de 2.500 kilómetros (si quieren saber su equivalencia en metros tan solo han de añadir un par de ceros más a la astronómica cifra), un pequeño reducto sobrevive a los azarosos designios de la cultura nocturna madrileña.

Año 2015. Calle Jacometrezo de Madrid. El café Berlín resiste las embestidas del tiempo tras cuarenta años dedicados en cuerpo y alma a saciar la sed de buena música en la ciudad. A finales de año el inmueble será comprado por empresarios dedicados a otros menesteres y el club, tras todo ese tiempo engatusando a la noche madrileña, tendrá que decir adiós. Toca replantearlo todo. Toca honrar la memoria de los grandes artistas que han emborronado de arte sus paredes. Por Paco de Lucía. Por Jorge Drexler. Por Josemi Carmona. Por Tomatito. Por Pedro Iturralde.

 

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Aspecto del antiguo café Berlín

 

La congoja y la morriña presiden la última noche del Berlín. Año nuevo de 2016 y los cierres del local chirrían por última vez. Pero esto no es el fin. Es un punto y seguido. Pocos meses después, El Nuevo Café Berlín se engalana y da un nuevo pistoletazo. La ciudad respira, aliviada, el nudo en el estómago se torna en nervios y esperanza. Hasta dos y tres actuaciones en directo por noche, en una clara apuesta difícil de igualar por la competencia.

¿Mantener el nombre original? Claro. En palabras de Alejandro Caja, responsable de comunicación del Café Berlín, “En realidad el nombre está heredado del antiguo propietario del negocio, que según tengo entendido se lo puso para hacer referencia a los clásicos cafés berlineses de principios del s. XX cuando abrió el antiguo local en la calle Jacometrezo hace más de 4 décadas. Nosotros decidimos conservarlo, como era lógico, pues cuando la actual dirección se hizo cargo del negocio, y aunque el Berlín había perdido algo de fuelle, el nombre aún era un verdadero referente de la música en directo y la vida nocturna madrileñas”.

Y es que, definitivamente, el Berlín es un rara avis de la noche madrileña. Así lo constata Alejandro:  “En primer lugar una personalidad propia y definida, construída a base de dar valor a la herencia antes mencionada e inyectarle nueva vida adaptando el Berlín a los tiempos. El Berlín es sinónimo de buena música en directo, pero también de albergar las noches más largas y calientes del centro de Madrid. Esto es algo que no se consigue simplemente poniendo la sala a disposición de músicos y promotores de eventos, sino que exige una labor de programación muy cuidada, una `línea editorial´ que debe reflejar esa personalidad intransferible. Además, pienso que la nueva sala de Costanilla de Los Ángeles es tal vez el mejor local de su aforo en el centro de la capital. En pocos lugares se puede disfrutar de la música con la cercanía y la calidez que entre músicos y público propicia el nuevo Berlín”.

 

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Actuación musical en el Nuevo Café Berlín

 

No sólo de música vive el hombre, el festejo nunca está completo si la danza no acompaña. Y este elemento, accesorio para algunas salas, se convierte en indispensable aquí: “Cuando se hizo la reforma del nuevo local, la pista de baile fue una de las prioridades, y por ello pusimos en ella el clásico wood floor –el suelo preferido por los danzantes–, intentando además que recordara a las pistas de las discos míticas de los 70. Y creo que lo hemos conseguido”.

La oferta de la sala se ve implementada con sesiones de clubbing del más alto nivel. “Les damos la máxima importancia, nos gusta la noche, nos gusta la cultura de club, nos gusta bailar. Pero además las sesiones de clubbing son capitales para que el negocio pueda seguir adelante, estas y la música en directo deben retroalimentarse en múltiples aspectos para que la sala funcione”.

Visto lo visto, cualquiera diría que el Nuevo Café Berlín cumple una especie de función social, al apostar por un proyecto musical que parece cada vez más apartado por parte de otras salas. Alejandro matiza: “Hombre, lo de función social suena un poco grande. De lo que si estamos orgullosos es de esa labor de programación que he mencionado antes, de seleccionar con mucho mimo las bandas y los eventos de clubbing que vienen al Berlín, y de cuidar hasta el último detalle para conseguir que la experiencia musical de quien nos visita sea inmejorable, memorable”.

Desde aquí, brindamos con brevajes caros a la salud de esta nueva andanza, les deseamos todo el éxito del mundo y os recordamos que podréis asistir al Nuevo Café Berlín gracias a la tarifa plana de ocio FanOnFire Pass. Para que puedas disfrutar de primera mano del espíritu del Berlín años 20,menear el bullarengue cual poseso o disfrutar de una propuesta musical pionera e imperdible.