Llevas unos días donde la gente parece que habla a espaldas de ti. Que convives con el susurro permanente de admiración, con corrillos de chascarrillos contigo de protagonista. Quizá tiene que ver con  esa chica o ese chico que te miraba tan fijamente en el metro. Desprendes flow por cada uno de tus poros. Y ¿sabes por qué? Porque lo has conseguido, quizá de modo inconsciente, quizá de puñetera chiripa. Pero eres un puto Fan On Fire.

Ser Fan On Fire es bastante más que una actitud o que el mero postureo recalcitrante. Es un modo de entender la música que los que no pueden paladear del mismo modo probablemente repudien. Pero a ti, como buen Fan OnFire, te importa un auténtico bledo.

Puede que estés leyendo estos párrafos y puede que tengas dudas razonables sobre si estás en el barco remando con nosotros o no. Para ello, hemos elaborado un sencillo decálogo de cosas mediante las que saber si eres uno de los nuestros. Pruébate y dinos si cumples algún requisito (o todos).

1) Cantar en la ducha. Bueno, todos lo hacemos, en mayor o menor medida. Desde un tarareo inocente y pueril hasta tratar de entonar con acierto cualquier canción. Pero un Fan On Fire, amigo, es harina de otro costal. Si eres uno de los nuestros tienes ya 83 denuncias por proferir gritos que, en palabras de los vecinos “eran algo parecido a estrangular a una manada de cervatillos”. Sabemos que cantamos mal. O bien. Pero nos importa un bledo. El caso es no entender el momento de embellecerse los bajos con higiénicos restregados sin que vaya acompañado del tarareo de esa canción que no se va de la cabeza.

2) Llevar merchandising de tu grupo favorito.  Le pese a quien le pese, añadimos. Que ahora cualquiera se va al Bershka de turno y puede creerse el más jefe del lugar tras adquirir una bonita camiseta de los Ramones o de Joy Division cosida en Bangladesh. Pero tú no. Tú tienes aquella camiseta de tu adolescencia de los Clash que guardas como oro en paño. Aunque esté agujereada después de zipicientos pogos calimotxeros. Y conservas esa multicolorida de las Spice Girls con la secreta intención de desempolvarla una vez se vuelvan a poner de moda. Allá por 2015. Solo queda un año. Sed fuertes, habéis llegado hasta aquí con dignidad. ¡Vamos!

3) Tatuarte alguna frase de esa canción. Ellos se convirtieron en tu grupo favorito. Y se sacaron de la manga en el último disco una canción que explica mejor de lo que tú podrías todo lo que sentiste cuando ella te dejó por imbécil. O cuando él te demostró fehacientemente que lo era. Tiene que formar parte de ti, escuchar en bucle esa parte con los ojos cerrados ya no es suficiente. Superas tu aprensión a las agujas y te la tatúas en el muslamen. El caso es que sabemos de lo adictivo del particular, y sabes que acabarás necesitando un poco de epidermis extra para todo lo que está por llegar. Aunque luego vienen los arrepentimientos, que lo de “Hace tanto que sueño su boca que la vida se me ha vuelto loca” en toda la espalda nunca fue buena idea.

4) Estar dispuesto a aguantar mil horas sin defecar en un festival. Es solo un ejemplo de las múltiples penurias que aceptas de buen grado cuando decides pasar cuatro días de acampada en un lugar plagado de gente. Soportarás olores extremos, dolores indecibles de espalda, el sol apretando con fuerza sobre la Quechua desde las siete de la mañana, los gritos del personaje de turno vendiendo tripis. Y todo por ver al cabeza de cartel que tanto deseas. Porque eres de los nuestros, joder. Porque cualquier adversidad se ningunea ante tu pasión por la música.

5) Puedes poner esa canción 56 veces seguidas. Incluso, sabemos de auténticos fan on fire que han podido ponerla de alarma para despertar por las mañanas. Al grueso de la población le supone un suicidio, y le cogerán una manía tremenda conforme avance el invierno. Pero tú puedes con esa presión. Porque te hace sentir cosas que no sientes habitualmente. Porque te pone la piel de gallina. Y porque no tienes necesidad de explicarlo, tan sólo de sentirlo. Que si a veces somos un poco masocas, se dice.

6) Darías lo que fuera porque ese grupo viniera de concierto a tu ciudad. Y cuando decimos lo que fuera es lo que fuera. Desde secuestrarlos en una furgoneta de lunas tintadas hasta engañarles como hizo Lendoiro a Bebeto y Mauro Silva, que les prometió para que ficharan por el Depor que A Coruña era clavadito a Río de Janeiro. Fuiste cruel, Augusto César. Tranquilo, Fan on fire te lo va a poner más fácil. Estamos a punto de cambiar la música, y si sigues a nuestro lado no te lo vas a perder. Permanece atento porque en las próximas fechas te vamos a contar todo lo que nos traemos entre manos. Enseñarás orgulloso dentro de unos años tu insignia que te identifica como uno de los primeros Fan On Fire. Y tus nietos asentirán sorprendidos. Y serás el abuelo más molón del parque. Y el que tiene la dentadura postiza más fija.

7) Poder mantener enajenado una conversación eterna sobre por qué los Beatles son mejor que los Stones. (Nota al anexo: Cambia sin miramientos los nombres de los dos grupos por otros que se te hagan más familiares si quieres. Blur/Oasis, Daft Punk/ Prodigy o Los Chichos /Los Chunguitos). Demuestras que puedes ponerle al asunto más ganas que cuando te queda un solo número para cantar bingo. Y eso nos gusta, aunque este tipo de inocentes discusiones acabe con gente en el hospital y extintores rotos en el suelo. ¿Que el solo de guitarra de Clapton en Sunshine of your love es más fácil que el de Jimmy Page en Stairway to heaven? Y una mierda. Te las verás con la fiereza de mis puños. Por mentecato.

8) A veces, solo la música es capaz de acompañarte. Y no es que seas asocial. Es que ,directamente, en ocasiones lo único que necesitas es poner una canción para escapar. Para que las penas sean menos. Para llenarte de sentimientos imposibles de alcanzar de cualquier otro modo. Que ya lo dice Damon Albarn en su último disco. When I´m lonely, I press play. Bendito seas, Damon. Joder, es chula la frase. Al final me la acabo tatuando.

9) Guardas todas las entradas y tienes el brazo repleto de pulseritas. Ahora lo de la entrada electrónica te ha puteado ligeramente, que ya no puedes hacer acopio irracional de todas ellas.  Pero sigues manteniendo todo el año esas pulseras con costra, desvencijadas a base de duchas, que pierden progresivamente el color. Tu novia te dice que te las quites, que huele un poco a estercolero ahí abajo, que no te va a dar el sol y que es incómodo para la playa. Pero tu dinero te han costado. Y cada vez que ves esa del BBK te acuerdas de aquél fulano disfrazado de conejo rosa que intentaba cubrir a la australiana que estaba cerca del coma etílico. Y te mola. Y no te lo quitas. Ni hablar.

10) La décima la dejamos a vuestra elección. Que seguro que tenéis cientos de ellas para iluminarnos. Y si os portáis bien y hay respuestas ingeniosas, prometemos haceros algún regalito chulo. Disparad, congéneres. Somos todo oídos. ¿Y tú, por qué te consideras un Fan On Fire?