El ambiente perfecto. El entorno ideal. Tocadiscos, piano, guitarra y armónica. Un Bruce Springsteen como marca de la casa acompañado del gran Elvis y del maestro Dylan. Tres diferentes vertientes, tres diferentes talentos que despertaron un alma musical.

Algo de aquí y de allí le dieron los ánimos para situarse frente a una guitarra y hacerla hablar. Que le contara cada uno de sus sentimientos en acordes de blues, rock & roll o a modo de poesía musical. Eduardo, Edu o Vázquez (a nivel artístico), cantautor creado en un Oviedo lluvioso, con toda la magia que supone la música de los directos. El toque de abrirse a la improvisación, a decir lo que cada momento te hace sentir mientras acaricias las cuerdas de la guitarra.

Sabemos que Aunque Lluevan Sombreros, Edu sabrá hacer una de esas canciones propias de cantautores que te recorren el cuerpo y te erizan la piel. Que sin irse de aquí, pero buscando Doce Maneras de Escapar Descalzo, descubre caminos de claridad vocal, de sinceridad en cada letra y de naturalidad en cada una de sus palabras, capaces de conquistar.

Queremos saber esa música que te ha hecho ser quién eres. Tres discos o más, que sean tus imprescindibles y qué son para ti. 

Te diría tantos y, sobretodo tantas canciones, que no pararía, adoro hablar de estas cosas, me vienen muchos a la cabeza y sería interminable. Pero ahí van cuatro:

Born to run de Bruce Springsteen: porque Springsteen es mi primer recuerdo musical, gracias a mi primo que lo ponía a todas horas, y yo que vivía en el piso de arriba, lo escuchaba día y noche a través del patio de luces. Y porque Thunder road es la canción más hermosa del mundo.
Blonde on blonde de Bob Dylan: podría decirte mil cosas de Dylan y hablarte horas sobre él. Le adoro y no recuerdo cuando ni porque, pero siempre ha estado ahí.
Closing time de Tom Waits: por su sensualidad, su piano, su sombrero, sus imágenes que te transportan. Le descubrí gracias a la versión que hace Springsteen de su Jersey Girl, y desde entonces me rompe cada vez que lo escucho, sobretodo esta primera época tan Newyorkina.
Car wheels on a gravel road de Lucinda Williams: fue un descubrimiento en un momento que necesitaba algo así, me encanta el dolor de sus letras y la verdad que hay en cada acorde. La producción de sus discos también me obsesionó mucho. Pura crudeza americana.
Honestidad brutal de Andrés Calamaro: es mi disco favorito en castellano, por toda esa honestidad tan brutal que desprende.

Sí, eres Vázquez, pero si te dijera que te pusieras otro nombre… ¿sería algo así como superedu o algo más english?
Pues yo antes de empezar a cantar mis canciones tocaba en bandas como guitarrista y ocasionalmente bajista; y la primera vez que decidí hacer un proyecto propio,cantando y en solitario, no me atreví a salir con mi nombre y a aquello lo llamé: TUCSON. Así que recuperaría este nombre que me molaba mucho.

Descríbenos ese momento de flechazo a la música, cuando supiste que era eso lo que querías hacer.
De pequeñito tocaba el piano, pero fue cuando escuché a mi primo tocar su acústica y me alucinaba, sabía que quería aprender y coger una guitarra. Cuando aprendí cuatro acordes, quería escribir, y cuando empecé a tocar con mis amigos y a montar grupos de rock ya sabía que era esto lo que quería hacer. Es lo que me emociona y lo que amo.

Tus letras tienen algo que parece improvisado, la magia de la música en directo. Ahora, así sin pensarlo, ¿podrías hacerme una mini estrofa?
(jaja) Oh, gracias! Voy a aprovechar y me la guardaré para una próxima canción. Mmmmhh a ver, ahí va: “Vestías la sonrisa más salvaje detrás de una taza de café, una mirada de fotografía eterna, tan intensa como un cielo rojo en París. Te mordías el labio mirando al suelo dejando un rastro de vaqueros, con el pelo recogido, descalza y la camisa destartalada“.

¿Dónde crees o esperas que estará Edu Vázquez dentro de un par de años?
Pues quiero pensar que en escenarios, cantando y escribiendo cada vez mejores canciones.

Tu lugar ideal para lo que quieras.
Mi lugar favoritos es la Playa de San Martín, en Llanes, las vistas desde sus acantilados son preciosas y es un lugar perfecto para cualquier cosa.

Sea cual sea su rincón favorito esperamos que sus pies no se separen de los escenarios, que sus manos continúen acariciando guitarras y que el buen corazón que se palpa en sus canciones continúe enamorado de la música. Vázquez, a por todas.