Acabo de recordar cómo sucedió todo. Un buen amigo, de los que aún a día de hoy conservo, llegó al instituto una mañana con la sonrisa brillante dentro de una cara llena de las espinillas propias de la edad. Lo vi desde arriba, a punto de entrar en clase. Llevaba una cinta de cassette en la mano. En ese momento supe que yo iba a ser el destinatario de ese misterioso artilugio sonoro, y que ese extraño invento iba a ser el motivo y la excusa de suspender el examen del día siguiente.

Cuando por fin llegó hasta mi posición, prácticamente asfixiado tras subir dos pisos a una velocidad no humana, el profesor agarraba el pomo para cerrar la puerta, por lo que sólo pude escuchar “¡tío, tío! ¡Escúchate esto y mañana me cuentas!”. Agarré la caja. No era original, pero en el lateral ponía el título: “Kortatu”. Bueno, no sabía si era un título o qué. Nunca había escuchado esa palabra, por lo que desconocía si era un cantautor, el nombre de su tío vasco o su peña del pueblo. Salí de clase, saqué el walkman, y mi planeta cambió de órbita.

Hoy, primero de octubre de 2015, aproximadamente 12 o 13 años después de ese día, se que Kortatu fue una de las bandas más importantes de la historia del rock nacional, y que su primer y homónimo disco, precisamente hoy cumple tres décadas. También gracias a este inmenso álbum se que existió una Revolución Sandinista que derrocó al tirano Somoza en el lejano país de Nicaragua, o que un arzobispo sudafricano de nombre Desmond Tutu ganó el Premio Nobel de la Paz por oponerse frontalmente al racismo. Por obra y gracia de Jimmy Jazz y la divertida Sarri, Sarri conozco a The Clash y Toots & The Maytals , y debido a La Cultura, la rebeldía de El Gato Fritz se hizo caricatura musical en mi torpe cerebro juvenil.

Tampoco quiero olvidar que aprendí a valorar la cara oculta del conflicto vasco, la que los medios de comunicación pretendían ocultarnos, con Zu Atrapatu ArteHernani 15/06/84. Ni la maravillosa línea de bajo en Tatuado, sumergiéndonos en el más absoluto Complejo de Edipo.

El constante zarandeo entre el punk, el ska, el hardcore… está alojado dentro de poco más de media hora de constante magia. Estilos que, por otra parte, debían sonar a chino en una época dominada por el pelo cardado y los polvos de talco.

Hoy cumple 30 años un álbum para el que nunca habrá las suficientes palabras bonitas. El tiempo pasa, las personas van y vienen, pero obras de este calibre siempre serán inmortales.

Mañana sol y buen tiempo.