Puede que el festival barcelonés sea el non plus ultra de la modernidad en nuestro país. Un cartel fascinante que se supera año tras año, gente tan exótica y pintoresca que si aparecieran de la nada en cualquier pueblo perdido del interior peninsular, los lugareños huirían despavoridos ante la llegada de estos entrañables extraterrestres. Una cantera de diamantes en la que Matías Altbach se siente como pez en el agua para hacerse con instantáneas de muchos kilates que aquí te entregamos convenientemente pulidos. Enjoy.

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