El pasado sábado se celebró en el campus de la Universidad Complutense de Madrid el Dcode Festival y, como leales seguidores, ahí estuvimos nosotros un año más cerrando con un último broche esta temporada veraniega de festivales; si bien es cierto que este año la temperatura era más propia del mes de Julio que de pleno Septiembre, no hay nada que un buen puñado de música y de cerveza fresquita no solucione, ¿verdad?

En esta edición hasta los más pequeños tuvieron su propio espacio, con el estreno mañanero del escenario Complutense por parte de la banda Petit Pop, de la que os podemos prometer que los padres disfrutaron tanto o más que los peques de la casa. Con una ausencia absoluta de niños pequeños en mi vida directa no podría afirmarlo categóricamente, pero ¡demonios! Si a los más peques les va la marcha de este grupo es que van por muy buen camino musical, y poder disfrutar desde tan jóvenes de las experiencias festivaleras debe ser una auténtica joya.

Poco después, los británicos Nothing But Thieves tomaron el protagonismo para presentar en directo los temas de su álbum debut, para nosotros honestamente uno de los mejorcitos del pasado año, y prometiendo visitar nuestro país pronto. Actuación corta bajo un calor devastador, pero que convenció a un público bastante nutrido para la hora que era, y que se entregaron completamente con la banda de Essex.

Tras un breve descanso para hidratarnos (que tenemos que aguantar muchas horas más y seguir estando igual de bellos) entramos de lleno en sección de bandas españolas, empezando por Belako y León Benavente. Especialmente destacables fueron estos últimos, aglutinando una gran cantidad de fans con muchas ganas de darlo todo con sus letras; y es que los seguidores de León Benavente son fans entregados como pocos… Con la contada excepción de los de Love of Lesbian, por supuesto.

Mientras unos seguían disfrutando de los directos, otros nos fuimos a ver cómo sufrían bajo el calor los jugadores del partidillo  de fútbol entre músicos, periodistas y fans que se estaba celebrando a escasos metros de los dos escenarios principales. No ganarán la Champions, pero nos dejaron con un montón de risas y con un claro vencedor: el equipo azul, comandado por Jesse Hughes de Eagles of Death Metal. Genio y figura.

Tiempo para recargar energías y volver para disfrutar del directo del siempre correcto M. Ward y su potente vozarrón frente a los valientes asistentes que habían dejado de lado la siesta, y de una de las bandas clave de la juventud de muchos de los que allí estábamos, Jimmy Eat World. Jim Adkins y los suyos pasaron revista por su amplia colección de temas y nos dejaron con la promesa de volver pronto a nuestro país para presentar su nuevo trabajo, previsto para Octubre.

Tras una cándida actuación de los británicos Oh Wonder, pasamos a uno de los platos fuertes del día: Eagles of Death Metal. A la tercera va la vencida y, tras suspender previamente dos fechas en nuestro país, por fin pudimos disfrutar en directo de algunos de los temas de su último trabajo, Zipper Down, además de un buen puñado de hits de sus anteriores álbumes, como Miss Alissa o Speaking in Tongues. Con un setlist acortado por problemas técnicos (la ausencia de Cherry Cola todavía nos duele en lo más profundo de nuestro alma) y con un bonito homenaje a Bowie de manos de una estupenda cover de Moonage Daydream, EODM fueron sin duda de lo mejor del festival.

Zara Larsson fue una propuesta mucho más mainstream pero no por ello menos eficaz: la nueva diva del pop de tan sólo 19 añitos celebró su doble disco de platino en España gracias al tema que comparte con David Guetta y entretuvo a un público entre entregado y curioso con una gran puesta en escena (¡hace mucho que no veíamos coreografías onstage!). Sin lugar a dudas, una prueba de fuego para la sueca, que aspira a convertirse en una figura clave del pop internacional y que está terminando la preparación de su primer trabajo.

Otro de los platos principales fueron las actuaciones de Love of Lesbian y Bunbury. Mientras los primeros desataron la euforia de todos sus loleros (y os podemos asegurar que son muchos) con una gran setlist y recursos en el escenario (¡esas oleadas de confetti!), Bunbury se declaró protagonista indudable del festival, revolucionando a todos los presentes y acabando la noche sostenido en brazos del público. Ambas bandas patrias tuvieron como nexo de unión a los irlandeses Kodaline, que pese a continuos problemas de sonido cumplieron su cometido y deleitaron al público con sus temas pegadizos, buen rollistas y con ese encanto tan característico irlandés.

Aquí terminaba el festival para muchos, pero los más aventureros (o los que todavía teníamos algo de carga en las pilas) nos quedamos a disfrutar tanto de los gallegos Triángulo de Amor Bizarro en el escenario Complutense o de la música entre el groove, funk y la electrónica neo-soul de los ingleses Jungle en el Dcode2 a la espera de uno de los nombres más relevantes del panorama musical electrónico internacional: el productor y compositor Mark Ronson, que a pesar de salir a escena a las 3 de la mañana consiguió reunir y hacer bailar a la multitud tardía que cerraría el festival.

Por nuestra parte, sólo nos quedaba volver a casa, dormir 14 horas seguidas para recuperarnos (que algunos empezamos ya a tener una edad) e ir contando los días que faltan para el Dcode Festival del año que viene. ¡Allí nos veremos!