25 años en el estómago de una ballena. Y sorpresivamente, ninguna intención de salir a la superficie. Al final uno se acostumbra. Y es que lo que en un comienzo puede ser medianamente incómodo, una vez que uno adquiere confianza con el trasiego de los flujos estomacales, entra en calor y se suelta un poco con el resto de personas deglutidas, el resto está casi hecho. Y si para más inri tienes algo de picoteo, bebidas y brebajes de primera y una programación musical en directo al alcance de muy pocos, pues para qué queremos más. Nos hacemos fuertes dentro de su gigantesco ser y ya no hay necesidad alguna de salir a la superficie.

Tiene todo el mérito del mundo que un local sea capaz de prevalecer ante el inexorable paso del tiempo. 25 años para un local de música en directo es una barrera casi siempre infranqueable, pero no es el caso de Moby Dick. La sala lleva todo este tiempo enarbolando la misma bandera, haciendo fácil lo que a otros les cuesta horrores y plagando su programación de una calidad fuera de toda duda.

Alberto Delgado y Daniel Castillo son los encantadores incautos que tuvieron a bien aventurarse a una edad muy temprana en esto de emprender en la noche. De esa locura y esas ganas de mostrarle al mundo de lo que eran capaces se entiende que un local que en su día era un prostíbulo se haya convertido en uno de los grandes referentes de la música en vivo de la capital. Más encanto, imposible.

En sus muros han rebotado las ondas sonoras de las canciones procedentes de lo más granado del panorama nacional, sin dejar de lado a unas cuantas estrellas de más allá del charco. La lista es tan interminable que mejor la dejamos al cobijo de tu imaginación.

Este pasado sábado, Las Chillers fueron las encargadas de afinar voces para cantarle un cumpleaños feliz con sabor a añoranza, a grandes momentos vividos sin duda, pero también mirando al frente y celebrando todo lo bueno que está por llegar. A por otros 25 como poco, chicos.  Larga vida a la ballena. Que no haya arpones que os lastren, ni tormentas que os suman en el desasosiego. Que esta ciudad sin mar naufraga sin vuestros cantos de sirena.